NUESTRA HISTORIA
Más de 80 años de tradición
Los orígenes de Pan de Pelayo se remontan a finales del siglo XIX, cuando mis bisabuelos, Juan Martínez Labrador y M. Concepción Andrades Rodríguez, se establecieron en Pelayo procedentes de Bornos. Con un modesto horno de leña, comenzaron a elaborar pan para la familia, vendiendo el excedente en la comunidad.
En la década de 1930, antes de que estallara la Guerra Civil Española, la panadería pasó a manos de mi abuelo Domingo Martínez Andrades y su esposa, María Ros Marín. Estos fueron tiempos difíciles, con la escasez de harina debido al racionamiento, lo que obligó a la familia a buscar harina de estraperlo. Transportaban la harina de noche desde El Cobre hasta Pelayo en mulas, siguiendo los senderos montañosos. La panadería fue oficialmente registrada en 1939, un año denominado en los documentos como “año de la victoria”.
Cuando mi abuela María quedó viuda con cinco hijos pequeños, comenzó a llevar el pan desde Pelayo hasta el centro de Algeciras en burro, vendiéndolo a domicilio. Así, la ciudad de Algeciras conoció el Pan de Pelayo, popularmente conocido como el «pan de Mariquita Ros».
En 1963, mis padres, Antonio Martínez Ros y Juana Román Carro, tomaron las riendas de la panadería. Con el esfuerzo conjunto de toda la familia, lograron que nuestro pan se convirtiera en el más apreciado del Campo de Gibraltar.
Desde 2006, yo, Milagros Martínez Román, junto a mi hermana Conchi, hemos asumido la dirección de Pan de Pelayo, continuando el legado familiar con orgullo y dedicación. Seguimos elaborando nuestro pan moreno, fieles a la receta de nuestros abuelos, gracias al talento y compromiso de nuestro equipo de panaderos. Este pan se ha convertido en un referente no solo para Algeciras, sino también para todo el Campo de Gibraltar.
Nuestro pan ha sido elogiado como “un manjar exquisito propio de dioses” por el Dr. Ramón M. Castro Thomas, y Juan Luis, el sabio de Tarifa, llegó a afirmar que el “Pan de Pelayo debería ser Patrimonio de la Humanidad.” Para nosotros, estas palabras son el mejor de los piropos, reflejando el esfuerzo y la pasión de generaciones.